Agenda afirmativa No. 2
Noviembre de 1998

La mujer mexicana a 45 años de lograr a plenitud sus derechos políticos

 Senadora Guadalupe Gómez Maganda, Presidenta de la Comisión de Equidad y Género del Senado de la República

 El 17 de octubre de 1953 es una fecha de gran trascendencia en el calendario cívico de México. Se cumplieron 45 años de que la mujer mexicana conquistó la plenitud de sus derechos ciudadanos, al haberse publicado en el Diario Oficial de la Federación las reformas a los artículos 34 y 115 de la Constitución, que propiciaron desde entonces, el ser legítimas protagonistas del acontecer político del país.

Se trata, sin duda, del acontecimiento más importante en la construcción de nuestro sistema democrático, pues significó la irrupción en la vida pública de más de la mitad de nuestro ser nacional, que se mantenía al margen de las decisiones fundamentales que definen el rumbo de México.

Hoy parece natural y lógico que la mujer intervenga en todos los ámbitos de la vida colectiva y que participe en las decisiones de asuntos que a todos competen. Pero para lograrlo la mujer ha debido mantener una ardua y tenaz lucha, porque la voluntad democrática se ha enfrentado a esquemas ideológicos que emergen una y otra vez, buscando imponer los valores patriarcales en los que se sustenta la marginación y exclusión femeninas.

Es digno destacar el triunfo jurídico reciente que sumó la voluntad de legisladoras de las diferentes fracciones parlamentarias del Congreso de la Unión, y en el que el activismo de la sociedad civil ha tenido un papel determinante: las reformas a la legislación civil y penal encaminadas a salvaguardar la armonía familiar y a combatir la violencia que se suscita en este núcleo social primario. Ello constituyó un paso esencial en la lucha contra la cultura y valores patriarcales, porque es justamente en el seno familiar, donde el autoritarismo y la supeditación femenil, se expresan y reproducen.

En el escenario nacional la presencia de la mujer adquiere día con día mayor importancia. La transformación económica del país ha propiciado su creciente incorporación al ámbito de la producción, la administración y el comercio. La educación y el acceso a los medios de comunicación colectiva, han generado en ella una conciencia cada vez más libre, crítica y moderna; la vida en la ciudad con sus posibilidades y carencias, motivan su participación en asuntos y movimientos colectivos, y la ampliación de nuestro sistema democrático alienta su participación en el terreno electoral y político.

La cuestión femenil no es un asunto que competa sólo a las mujeres, como tampoco lo es por la lucha por la igualdad de trato y oportunidades. Es una cuestión que interesa al país y al propósito común de impulsar el desarrollo nacional.

La democracia es la negación de la desigualdad y el autoritarismo; es la respuesta que se han dado los pueblos para resolver sus contradicciones; es la búsqueda de un renovado consenso social que permita a la nación transitar, sin violencia, a una etapa superior de progreso, crecimiento, bienestar y distribución justa de la riqueza generada por la comunidad.

A casi medio siglo de la conquista de los derechos ciudadanos de la mujer, es impostergable que la perspectiva de la equidad entre los géneros permee a la sociedad, que destierre mitos y valores asociados a las diferencias de sexo y transforme los roles genéricos tradicionales. Que revise el concepto de justicia social con visión de género y asimismo trascienda su expresión jurídica, a través de políticas públicas y acciones afirmativas, que detecten y corrijan los persistentes, sutiles y ocultos factores que colocan a las mujeres en desventaja frente a los varones. Acciones afirmativas que propicien un manejo equitativo de la diversidad, que garanticen su ejercicio en la vida cotidiana para dar cauce al potencial de creatividad y renovación que la sociedad mexicana tiene en sus mujeres, a fin de construir juntos una nueva cultura a favor de la equidad y, por lo tanto, el México que queremos legar a nuestros hijos.