Agenda afirmativa Año 2 No. especial 9-10 Enero-febrero 2001

Las cuotas electorales: ¿se cumplirán en el 2000?

(Primera parte)

Ana María Hernández Cárdenas

El análisis sobre las cuotas electorales y sus efectos en el incremento de la participación política de las mujeres en los órganos de representación popular es un tema central en el marco de la democratización de nuestro país. Rosalía Cárdenas García psicóloga e investigadora, ha dedicado varios años al estudio del comportamiento político electoral especialmente en lo a que la participación política de las mujeres se refiere. Actualmente prepara su tesis de maestría en Ciencias Políticas por la UNAM. Agradecemos su conocimiento para que parte de su vasto trabajo sea retomado en este artículo y otros subsecuentes.

En la coyuntura electoral que se aproxima resulta pertinente echar vistazo al grado de aplicación que ha representado la cláusula vigésimo segunda del artículo primero del decreto de la reforma electoral de 1996, el cual establece lo siguiente:

“Los partidos políticos nacionales considerarán en sus estatutos que las candidaturas por ambos principios a diputados y senadores. Así mismo promoverán la mayor participación política de las mujeres”.

El tema de las cuotas no resulta un problema menor ya que el espíritu del citado transitorio se inscribe sin lugar a dudas en la búsqueda de la erradicación o al menos de la disminución significativa de la discriminación por sexo y las desigualdades en la participación política de las mujeres.

La investigadora sostiene que la relevancia de las cuotas electorales no se reduce simplemente al incremento de la presencia de mujeres en los espacios de decisión política, sino con mayor precisión en el hecho de que el poder político representa el más poderoso de los instrumentos que da cuenta la historia para impulsar el empoderamiento de las mujeres, representan en sí mismo un acto de redistribución que sucede en el ámbito del poder político.

En la pasada Conferencia Mundial de la Mujer 1995, México como parte de los gobiernos miembros de la ONU signó el compromiso de impulsar la participación política de la mujer hasta el punto de no retorno, que se ubica precisamente en el rango del 30-35%. La fecha límite: el final del siglo y del milenio.

 

Las Cuotas en Concreto

En su análisis, Rosalía Cárdenas hace una pregunta medular: ¿Alteró el artículo transitorio de manera parcial o significativa las pautas de distribución desigual de los escaños legislativos federales entre hombres y mujeres? Pare ello elabora un comparativo que determina cuál era la distribución sexual de los escaños antes de que el mencionado artículo transitorio fuera incorporado en la legislación electoral.

Así, en el caso de la Cámara de Diputados toma como referente el lapso comprendido entre 1979 y 1994 y presenta lo siguiente:

 

Participación de la mujer mexicana en la Cámara de Diputados entre 1979 y 1994

LEGISLATURA

MUJERES

HOMBRES

TOTAL

 

No.

%

No.

%

No.

%

LI

36

9.0

364

91.0

400

100

LII

46

11.5

354

88.5

400

100

LIII

42

10.5

358

89.5

400

100

LIV

60

12.0

440

88.0

500

100

LV

42

8.4

458

91.6

500

100

Fuente: Estadísticas elaboradas con base en los datos expuestos por Araujo. 1975; Farías, 1988;

Presidencia de la República, 1993; Gutiérrez, 1992; Martínez, 1993ª.

 

Uno: el techo histórico se sitúa en el 12% en 1988-1991, cuando el número de diputadas federales llegó a 60 y el de hombres a 440; el piso histórico, en un 8.4% se presentó en 1991-1994 cuando sólo 42 de los 500 escaños fueron ocupados por mujeres.

Dos: que en término agregados, la tasa histórica de participación de la mujer se situó en 10.3%

Tres: que la tasa histórica de participación es muy cercana a la mediana (10.5%) y difiere poco, tan sólo 1.2%, con respecto a los resultados inmediatos anteriores a la introducción de las cuotas.

Para el caso de la Cámara de Senadores, como lo demuestra Cárdenas García en el cuadro siguiente, la situación no es significativamente distinta.

 

Participación de la mujer mexicana en el Senado Federal 1979 y 1994

PERIODO

MUJERES

HOMBRES

TOTAL

 

No.

%

No.

%

No.

%

1976-82

4

6.3

60

93.7

64

100

1982-88

6

9.4

58

90.0

64

100

1988-91

10

15.6

54

84.4

64

100

1991-94

3

4.7

61

95.3

64

100

Fuente: Estadísticas elaboradas con base en los datos expuestos por el Senado de la República, 1976; Senado de la República, 1980-1981; Senado de la República, 1983-1989; Farías, 1988; Robles y Cepeda, 1991ª; Crónica Legislativa 1993.

 

 

Aquí presenta lo siguiente:

Uno: que el techo histórico alcanzado en 1988-1991 es del 15.6%, con 10 de los 64 escaños.

Dos: que entre el techo y el piso histórico de participación existe prácticamente una diferencia del 11%.

Tres: que la tasa histórica de participación es del 9%

Tomando como base lo anterior y los resultaos correspondientes a la elección federal de 1997, la autora construye el siguiente cuadro haciendo una comparación intertemporal para dar respuesta a la interrogante sobre los impactos de las cuotas electorales en la distribución de los escaños.

Comparación entre la tasa histórica 1976-1994 de participación de las mujeres en los órganos del legislativo federal y la composición actual

PERIODO

CÁMARA DE DIPUTADOS

CÁMARA DE DIPUTADOS

 

M

%

H

%

M

%

H

%

1976-1994

 

10.3

 

89.7

 

9.4

 

90.6

1997-2000

87

17.4

41.3

82.6

19

14.8

109

85.2

Fuente: La estadística fue elaborada con base en los cuadernos de las elecciones federales 1997, acuerdos del Consejo General del Instituto Electoral, por el que se declara la validez de la elección de diputados y senadores por el principio de representación proporcional.

 

Como se puede apreciar, después de la introducción de las cuotas la tasa femenina de ocupación de escaños legislativos experimenta un incremento notable en ambas Cámaras, lo que podría leerse como una conclusión optimista. Sin embargo, como lo señala la autora, contrastando los actuales resultados con la proporción 70/30, que marca claramente la cláusula electoral transitoria, dista mucho de cumplirse ya en promedio la tasa de participación femenina apenas rebasa el 16%.

Hasta aquí hay un primer hecho contundente: sólo el 16% del total de los puestos en los órganos legislativos son ocupados por mujeres. A lo largo de su trabajo la investigadora busca la respuesta a por qué las alteraciones en la distribución de los escaños están muy por debajo de lo estipulado.

Lo que se puede adelantar es que una primera respuesta tiene que ver con el modo en que los partidos de “considerar” en sus estatutos la proporción 70/30. Suponiendo, como lo hace la autora, que todos ellos concedieron en “considerar” la introducción en dicha cláusula, se pregunta ¿realmente la acataron, es decir, en ningún caso las candidaturas masculinas superaron el tope del 70%?

Lo difícil de la respuesta estriba en que el transitorio que fija las cuotas no establece precisiones de ninguna especie en cuanto a su cumplimiento. Por otro lado entran en juego varias posibilidades: que el cumplimiento atienda las cifras globales, que se aplique particularmente a las modalidades propietario/suplente e incluso a las distintas reglas usadas para la integración de las cámaras, por las vías de mayoría relativa y representación proporcional. La evaluación de estas modalidades aplicadas de 1997 se presentará en el siguiente número.

Sin duda la discusión de las cuotas y la cláusula transitoria que las estipula cobra una importancia crucial en estos momentos en que los partidos políticos están defendiendo sus candidaturas a puestos de elección popular. Como lo señala la autora, los principales partidos políticos no han cumplido cabalmente con el mandato, que no recomendación, contenido en el artículo transitorio que establece las cuotas electorales. Dicho en lenguaje llano: en su conjunto viven en la ilegalidad, al menos en lo que a este mandato concierne.

Pareciera que hoy no tendrán la misma facilidad que en 1997 para incumplirlo ya que la Consejera Electoral Jaqueline Peschard anunció que el Instituto Federal Electoral vigilará que los partidos políticos cumplan con lo que establece el COFIPE: Seguramente las mujeres de partidos y sin partido haremos lo propio.